Escribo bajo el signo
de un amoroso perro que me dicen
allá en la patria se pasea viejo
y ciego tal vez a los muebles habituales,
no al llamado
de la Milonga y sus cachorros por ejemplo,
ni al olor de la cocina,
la voz de la mami o la congoja
de Leopoldo El Tero por sus hermanos en el
aire.
Bajo tu signo escribo, Ulises,
y me celebro perro por lugares
y por árboles que hacen alzar feliz mi pata;
regar de oro precioso de ladridos
el aire sereno de Naucalpan,
el de las hueras caras aquí en Francia,
mi otro aire provinciano,
aire moreno entre Las Torres.
Bajo tu signo soy el perro
orgulloso del barrio y de su casa,
señor de los patios y la sombra
altiva de las parras y el naranjo.
Mi otro aire provinciano allá en América,
mi aire de zambas, de indios y señores en
Europa,
canta bajo tu secreto, Ulises,
ahora ciego a lo infecundo y luminoso
por islas, mapas o cuadernos
que en lejana vida _recuerdo y de otra_,
he recorrido,
costas donde amé _siempre al borde de mí
mismo_,
como vigilias anhelosas, como fragantes
herramientas,
el canto de los viajes,
los barcos que mi barrio el trece
o Yapeyú de donde viene el viento,
jamás han visto ni verán por ser entera
tierra,
centro, corazón callado
de nosotros todos,
y nosotros, Ulises, los perros.
PABLO URQUIZA (Córdoba, 1959) Actualmente radicado en París
Fuente: Revista Palabras de poeta (ed. Babel, Cba, #6- Octubre 2018).