Del otro lado de la pantalla azul, en una sala a oscuras, la mujer israelí dice, segura, tras una pausa con la vista perdida en algún punto que no fuimos nosotros: "estar en casa es estar dentro de una cultura donde me puedo respetar profundamente".
La sala, la oscuridad, la pantalla, los entrevistados eran parte del itinerario que propuso la muestra "Extranjerías", co-curada por Néstor García Canclini, y a la que asistí en agosto, en una de mis escapadas a la capital de la Argentina.
De las imágenes y planteos que conjugaban tradiciones e innovaciones técnicas, elijo especialmente dos: el registro testimonial de las experiencias de emigrados de distintas nacionali/edades, citado al comienzo del post, y la sección titulada Wish Café, en la que se dispusieron varias computadoras entre sillones blancos al estilo de los cyber minimalistas modernosos, para mostrar en qué medida también podemos sentirnos extranjeros de la tecnología.
Wish Café (wish significa "deseo" y su uso en este contexto es irónico), se propone como una construcción de deseos humanos; una suerte de anti-red, porque es una trama de agujeros. Cito: "Se propone hacer visible, no lo que tenemos, sino lo que nos falta. Es decir, en qué medida estamos aun fuera de lugar en el lugar que ocupamos, de qué forma somos extranjeros en nuestra propia casa".